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miércoles, septiembre 24

La importancia de una rosa

Entre Sierre y Salgesch, en el Valais, existe un sendero que recorre campos de viñedos y que lleva hasta la fortaleza de Muzot, la casa en la que vivió varios años, hasta su muerte, Rainer Maria Rilke. El poeta se trasladó a Suiza en el verano de 1919 y residió sucesivamente en Soglio, Locarno y Berg am Irchel hasta que dos años más tarde fijó su residencia definitiva en el Valais; allí, Rilke terminó de escribir las Elegías del Duino y Los sonetos a Orfeo y mantuvo una relación con Elisabeth Dorothea Spiro, la madre del pintor Balthus. En realidad, el poeta fue un seductor que enamoró a marquesas, duquesas y princesas de toda Europa, incluyendo a la Princesa Marie von Thurn und Taxis, su principal mecenas, quien le cedió su Palacio del Duino, a orillas de Adriático, y a quien también pertenecía su última residencia suiza.

Murió de una leucemia el 29 de diciembre de 1926 en el Sanatorio de Valmont. El empeoramiento de su estado físico, que lo llevó a la muerte, se produjo después de pincharse con la espina de una rosa mientras cuidaba el jardín del Castillo de Muzot. Sin ninguna duda, la suya fue una muerte poética. Tenía 51 años y dejaba tras él una vida apasionante. Cumpliendo sus deseos, fue enterrado el 2 de enero de 1927 en el cementerio de Raron. Él mismo escogió su epitafio:

'Rose, oh reiner Widerspruch, Lust,
Niemandes Schlaf zu sein unter soviel
Lidern'.

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