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sábado, octubre 28

Cuidados paliativos


Ferdinand Hodler (1853-1918) fue un pintor encuadrado en el simbolismo y en el primer expresionismo, marcado por el fallecimiento prematuro de sus padres. La muerte fue una constante en su obra desde el principio de su carrera. Natural de Berna, estudió pintura en la Escuela de Bellas Artes de Ginebra, ciudad en la que murió, y fue uno de los exponentes del movimiento de la Secesión en Viena y Berlin. Viajó a España, tras las huellas de Manet, para admirar en el Museo del Prado a Tiziano y Velázquez y vivió durante seis meses en Villalba, lo que no deja de ser una excentricidad.

Hasta 1890 su obra se movía en un naturalismo bastante convencional, pero a partir de ese año, giró hacia el simbolismo y, después de algunos cuadros en los que hizo incursiones en el expresionismo, en los últimos años de su vida se decantó hacia el retrato y el paisaje. Entre sus obras más importantes figura el ciclo de pinturas murales que realizó para el Kunsthistorisches Museum de Zürich.

Hodler plasmó la enfermedad y muerte de su joven amante, Valentine Godé-Darel, con la que dos años antes había tenido una hija, en una serie de dibujos y óleos, sin precedentes en la pintura europea. Tal vez como una forma de defensa frente al sufrimiento y como un diario de la enfermedad, se dedicó a pintarla una y otra vez en su lecho de muerte, incluida su larga y terrible agonía. Hace poco me contaron que muchas de estas pinturas ilustran artículos y libros de cuidados paliativos.


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