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sábado, noviembre 5

Declaración de Davos


¡Oh! El amor no es nada si no es la locura, una cosa insensata, prohibida y una aventura en el mal. Si no es así es una banalidad agradable, buena para servir de tema a cancioncitas tranquilas en las llanuras. Pero que yo te he reconocido y que he reconocido mi amor hacia ti, sí, eso es verdad, yo ya te conocí antiguamente, a ti y a tus ojos maravillosos oblicuos, y tu boca y la voz con que me hablas; una vez ya, cuando era colegial, te pedí tu lápiz para entablar contigo una relación social, porque te amaba sin razonar, y es por eso, sin duda, por mi antiguo amor hacia ti, por lo que me quedan esas marcas que el médico ha encontrado en mi cuerpo y que indican que en otro tiempo yo estaba ya enfermo... te amo, te he amado siempre, pues tú eres el Tú de mi vida, mi sueño, mi destino, mi deseo, mi eterno deseo.

La Montaña Mágica.
Thomas Mann

1 comentario:

Almach dijo...

Ay!, que malo es hacerse mayor y perder la memoria...y ser demasiado jóven para ciertas lecturas y en consecuencia imposibilitar que la memoria de adulto conserve determinadas cosas. Digo esto porque acabo de quedarme estupefacto (deliciosamente estupefacto) al leer estas líneas de un libro que acaso leí demasiado joven como para tomarlo en serio o recordar mínimamente.

Ahorita mismo lo remedio, pues seguro estoy de conservarlo de mis tiempos de instituto.

(hay que ver lo que aprendo y redescubro contigo, querida T.)

Un beso de fin de semana

Desde el 06/11/06...