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jueves, mayo 21

El Prisionero de Chillon



Gustave Courbet (Ormans, Francia, 1819 - La Tour de Peilz, Suiza, 1877)

Los meses pasaron… o los años… a los días… No lo sé. Me era indiferente. Había perdido la esperanza de que mis ojos, una vez quitada la venda de las tinieblas, pudieran volver a ver la luz del día. En fin unos hombres vinieron y me pusieron en libertad. No pregunté por qué, ni me preocupé por saber adonde iba a vivir. Me era igual estar o no, cargado de cadenas. Había acabado por sentirme indiferente en medio de mi desesperación. De modo que cuando vinieron a quitarme los grillos, me sentía como un ermitaño entre estos pesados muros y me pareció que al sacarme de allí, me arrancaban por segunda vez de mi hogar, de mi verdadera patria. Las arañas eran mis amigas; me gustaba observar su silencioso trabajo. Había también observado a los ratones que jugaban bajo los rayos de la luna. ¿Por qué hubiera debido sentir un menor apego al lugar que estos animales? Éramos todos los habitantes de la misma morada, Y yo, su soberano, podía hacerlos morir. No obstante, cosa extraña, vivíamos en paz. Incluso mis cadenas acabaron por resultarme familiares. Lo cual demuestra que la costumbre acaba por hacernos lo que somos.

Fue suspirando como recobré la libertad.


Lord Byron

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